viernes, 10 de julio de 2009

Kant: Fundamentación de la metafísica de las costumbres (Grundlegung zur Metaphysik der Sitten)

En la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant recupera aquella vieja división griega de la filosofía en tres ciencias: física, ética y lógica. Dentro de éstas, la lógica es un conocimiento formal porque se ocupa sólo de la forma del entendimiento y de la razón misma, mientras que las otras dos son conocimientos materiales, pues consideran algún objeto. La física sería la ciencia de las leyes de la naturaleza, y la ética sería la ciencia de las leyes de la libertad. La primera sería una teoría de la naturaleza y la segunda una teoría de las costumbres.
Así, la lógica no tiene ninguna parte empírica, mientras que las otras dos sí que pueden tenerla: la física para determinar las leyes de la naturaleza como un objeto de la experiencia, considerando las leyes por las cuales todo sucede; y la ética determinando las leyes de la voluntad del hombre, en cuanto afectado por la naturaleza, considerando las leyes por las cuales todo debe suceder, aunque examinando también las razones por las que muchas veces ello no sucede.
La física tendrá pues una parte empírica, pero también una parte racional, e igualmente la ética. Cuando nos ocupamos de esa parte racional, hablamos de la metafísica, ya sea metafísica de la naturaleza o metafísica de las costumbres. La parte empírica de la ética podría llamarse "antropología práctica", y la parte racional, propiamente llamarse "moral". Dejando a un lado la física, a Kant le parece de urgente necesidad exponer, antes de la antropología práctica, la metafísica de las costumbres, esto es, lo que la razón pura por sí sola puede construir, viendo de qué fuentes toma esa enseñanza a priori: la filosofía moral pura, limpia de todo cuanto pueda ser empírico. Que tenga que haber una filosofía moral pura le parece a Kant evidente puesto que podemos hablar de una idea común del deber y de las leyes morales; es decir, que para que una ley tenga validez moral, consideramos que conlleva una obligación absoluta, y el fundamento de tal obligación no puede buscarse en la naturaleza del ser humano o en sus circunstancias fácticas, sino a priori en conceptos de la razón pura; un precepto fundado en principios de la mera experiencia puede constituir una regla práctica, pero no una ley moral.
Por tanto, las leyes morales son diferentes de cualquier otro conocimiento que contenga algo empírico, como la antropología, y toda la filosofía moral descansa en la parte pura que le da al ser humano, en tanto que racional, leyes a priori. Por supuesto que la experiencia será necesaria, después, para enjuiciar los casos en los que habrá que aplicar esas leyes, procurando la voluntad y la energía para su realización, pues si bien el ser humano es capaz de concebir la razón práctica, se encuentra tan afectado por tantas inclinaciones que no puede fácilmente hacerla efectiva in concreto.
Así pues, es necesaria una metafísica de las costumbres tanto para que nos descubra los principios prácticos que están a priori en nuestra razón, como porque las costumbres mismas están expuestas a todo tipo de corrupciones, cuando falta aquella norma suprema para su correcto enjuiciamiento. “Porque lo que debe ser moralmente bueno no basta que sea conforme a la ley moral, sino que tiene que suceder por la ley moral; de lo contrario, esa conformidad será muy contingente e incierta, porque el fundamento inmoral producirá a veces acciones conformes a la ley, aun cuando más a menudo las produzca contrarias.”
Kant pretende comenzar el trabajo de la metafísica de las costumbres con la fundamentación de la metafísica de las costumbres, que no es más que la investigación acerca de la determinación y el fundamento del principio supremo de la moralidad.
Kant entiende que las acciones morales son aquellas que se realizan por deber, y no meramente conforme al deber, pues en este último caso la guía de la conducta no sería una ley moral sino tal vez de otro tipo, con un interés más o menos particular, que en unos casos podría coincidir con la ley moral y en otros no, por lo que no sería propiamente una guía moral. Según Kant, una conducta por deber tiene su valor moral, no en el propósito que mediante ella se quiere alcanzar, sino en la máxima por la que se decide, su valor moral depende del principio adoptado para guiar la acción. Así pues, ni los fines o los propósitos, ni los efectos de las acciones proporcionan valor moral absoluto, lo que sólo sería garantizado por el principio de la voluntad buena. Por tanto, “el deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley”. Cuando consideramos otra cosa que el respeto a la ley, por ejemplo el efecto de una acción, actuamos por inclinación, pero esto es algo diferente de lo que Kant anda buscando, no es una obligación de carácter moral. De manera que una acción realizada por deber tiene que ser determinada por el respeto puro a la ley, aun con perjuicio de las inclinaciones.
Kant se pregunta entonces ¿cuál puede ser esa ley que determine objetivamente la voluntad para que ésta pueda llamarse buena?
Lejos de aquellos que consideran que la moralidad es una ensoñación y que los conceptos del deber tienen que derivarse de la experiencia, y que termina tropezando por doquier con el amado yo, Kant considera que no se trata de si sucede esto o aquello, sino de lo que debe suceder; y, por tanto, el deber, más allá de la experiencia, reside en la razón que determina la voluntad por fundamentos a priori, pues es de esa manera como la moral tiene vigencia para los seres racionales en general, no bajo condiciones contingentes y con excepciones, sino de un modo absolutamente necesario. Así pues, esa ley que andamos buscando tendrá que descansar en la razón pura, de modo que, en el fondo, la voluntad buena no será otra cosa que la razón práctica.
Kant denomina "imperativo" a la forma de ese mandato de la razón, como principio objetivo. Un imperativo expresa un deber ser, es la ley objetiva de la razón expresada a una voluntad subjetiva. Kant distingue por un lado los imperativos hipotéticos, que son aquellos que establecen que una acción es buena para conseguir alguna otra cosa, otro fin; y, por otro lado, los imperativos categóricos, que representan una acción buena en sí misma. Kant considera que éstos últimos son los imperativos de la moralidad. Los primeros podrían ser imperativos de la habilidad, de la sagacidad, o contingentemente de la moralidad; pero son los imperativos categóricos los que llevan consigo el concepto de una necesidad objetiva e incondicionada, y por tanto universalmente válida, a la que hay que obedecer incluso contra las inclinaciones.
Al no ser hipotético, el imperativo categórico no se puede deducir de otros, ni existe por tanto ningún ejemplo del mismo. Se tiene que obtener enteramente a priori. Según Kant el imperativo categórico es único y es este:

  • Actúa sólo según una máxima tal que al mismo tiempo puedas querer que se convierta en ley universal (“Handle nur nach derjenigen Maxime, durch die du zugleich wollen kannst, dass sie ein allgemeines Gesetz werde”).
Kant cree que de este único imperativo pueden derivarse todos los principios del deber y va reformulando el imperativo categórico al menos con las siguientes fórmulas:
  • Actúa como si la máxima de tu acción, por tu voluntad, debiera convertirse en ley universal de la naturaleza (“Handle so, als ob die Maxime deiner Handlung durch deinen Willen zum allgemeinen Naturgesetze werden sollte”).
  • Actúa de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona, como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca meramente como un medio (“Handle so, dass du die Menschheit sowohl in deiner Person, als in der Person eines jeden andern jederzeit zugleich als Zweck, niemals bloß als Mittel brauchst”).
  • Actúa como si tu máxima tuviera que servir al mismo tiempo como ley universal (de todos los seres racionales) (“Handle so, als ob deine Maxime zugleich zum allgemeinen Gesetze (aller vernünftigen Wesen) dienen sollte”).
  • Actúa según las máximas de un miembro legislador universal en un meramente posible reino de los fines (“Handle nach Maximen eines allgemein gesetzgebenden Gliedes zu einem bloß möglichen Reiche der Zwecke”).
Añade Kant que, en tanto que ser racional, el hombre no puede pensar la causalidad de su voluntad más que bajo la idea de la libertad. La idea de la libertad está unida al concepto de la autonomía, y éste al principio universal de la moralidad, que sirve de fundamento a la idea de todas las acciones de los seres racionales.

Kant, Immanuel. Fundamentación de la Metafísica de las costumbres. (Traducción de Manuel García Morente).
Kant, Inmanuel. Grundlegung zur Metaphysik der Sitten. Riga: 1785, bei Johann Friedrich Harknoch.



3 comentarios:

  1. cual es el rol del filosofo en Kant?

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  2. mediador, ecléctico, idealista trascendental eso es lo que se puede decir de Kant.

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